Ejercicio es sinónimo de salud. Aplicado a una población cuya salud se encuentra mermada, el ejercicio se convierte en pieza fundamental para mejorar la calidad de vida. En este post, centramos la temática en el ejercicio aeróbico para personas que han sufrido un ictus, y como éste puede provocar mejoras en cuatro aspectos diferentes de la salud de los afectados por un accidente cerebro-vascular.
Para ello, os presentamos la propuesta de Ploughman & Kelly publicada en Current Opinion in Neurology en 2016 para, mediante un modelo de ejercicio aeróbico, basado en modelos de periodización de la carga en atletas (de los que se utilizan en preparación física) y adaptados a la recuperación tras un ictus, alcanzar mejoras en reparación cerebral, neuroplasticidad, metabólicas y cardiorrespiratorias. Los autores hacen hincapié en que los avances en los conocimientos científicos no se implementan en la praxis, dejando algunos aspectos actuales de la rehabilitación tras un ictus con ciertos déficits.
Dentro de este modelo, se presentan los componentes de la carga de entrenamiento que ya conoceréis FITT (Frecuencia, Intensidad, Tipo, Time – duración), añadiendo Iniciación poststroke. Se computa la densidad de entrenamiento y así se controla/prescriben cargas adaptativas, es decir, que propicien que nuestro estado de forma (mediante los procesos fisiológicos pertinentes) se mejor que el del inicio del programa. Realmente es una pasada de propuesta, que seguro se estudiará e investigará más en profundidad. Lo que está claro, es que el ejercicio aeróbico debe de introducirse dentro del proceso de rehabilitación tras un ictus.
Os dejamos esta infografía que hemos creado para la ocasión.
