Neuroplasticidad, Ejercicio físico y Parkinson

Neuroplasticidad, Ejercicio físico y Parkinson

Texto basado en: Hirsch MA, Iyer SS & Sanjak M. Exercise-induced neuroplastiicty in human Parkinson's disease: What is the evidence telling us? (2016) (22) pp S78-S81.

Cada vez es más frecuente la prescripción de ejercicio físico en enfermedades neurológicas, y por supuesto, el caso de la Enfermedad de Parkinson (EP),  no iba a ser una excepción. Existe evidencia sobre la eficacia y la seguridad de diferentes tipos de ejercicio físico para personas con EP, entre los que podrían destacar la bicicleta, la marcha, yoga, entrenamiento en tapiz rodante (la cinta de correr) y ejercicios resistidos (entrenamiento de fuerza).

Internacionalmente, el ejercicio es visto por el cuerpo clínico como ingrediente medicinal clave para todas las fases de la EP. Estudios realizados con animales, han demostrado que la actividad física voluntaria, en condiciones de un arousal elevado, pueden llevar a cambios en la arquitectura cerebral o la función cerebral. Estos efectos engloban neuroplasticidad, neuroprotección y neurorestauración, efectos en la neurotransmisión, neurogénesis, angiogénesis, efectos inducidos por el ejercicio en la neuroinflamación, e incrementos en la síntesis de factores neurotróficos endógenos. 

¿Pero, y en humanos?

Cambios corticomotores y volumétricos inducidos por el ejercicio físico

En 2008, un estudio demostró los efectos positivos del entrenamiento en tapiz rodante de alta intensidad en la excitabilidad corticomotora (la baja excitabilidad, es uno de los marcadores de severidad de la EP), además de mejorar la velocidad de marcha (voluntaria/preferida). En 2013, otro estudio que realizó entrenamiento en tapiz rodante, observaron un incremento en la densidad de los receptores dopaminérgicos en el putamen. Además, este mismo estudio mostró mejoras cinemáticas en tareas posturales (no entrenadas), un incremento en la velocidad de la marcha (voluntaria), mejoras en los giros de 90º y en la marcha con cambios de dirección (otro de los marcadores de movilidad respecto a la rigidez axial en EP). Por otro lado, destacable también el hecho de que la (temida y poco frecuente) alta intensidad de ejercicio físico fue necesaria para poner en marcha las adaptaciones en los receptores dopaminérgicos. 

Por otro lado, también se han observados cambios en el volumen de materia gris en EP, principalmente en zonas relevantes para personas con EP, ya que, por ejemplo, los déficits en los circuitos de ganglios parietales se asocian con problemas de rendimiento durante la interferencia de doble tarea y los comportamientos de cambio de configuración que comienzan en el diagnóstico de EP.

Neurotrofinas

Los niveles de glia cell line-derived neurotrophic factor (GDNF) y de brain derived neurotrophic factors (BDNFs) regulan la supervivencia y actividad de la neuronas dopaminérgicas. En este sentido, un estudio llevado a cabo en la Universidad de Cracovia, realizó una intervención de 8 semanas de entrenamiento aeróbico intermitente sobre una bicicleta (5min intervalos, 40min sesión, y una cadencia de más del 30% de su preferencia). Los resultados que obtuvieron fueron relevantes: el ejercicio indujo niveles basales de BDNF incrementados (un 34%). Otro estudio del mismo grupo, obtuvo descensos también muy relevantes en cuanto a rigidez, rigidez miométrica muscular y frecuencia de temblores, que a su vez correlacionaron con los niveles incrementados de BDNF.

«Teniendo todo esto en cuenta, los estudios […] sugieren que la práctica de ejercicio puede ser un importante componente de los cambios neuroplásticos en el cerebro en la EP…

…y ser importante en ralentizardetener o revertir la EP»

Ir al contenido