Gracias a los avances en salud y tecnología, vivimos más años que nunca. Sin embargo, esta longevidad también puede traer consigo un coste en términos de salud, especialmente por el aumento del riesgo de enfermedades asociadas al envejecimiento, como el deterioro cognitivo, las demencias o la pérdida de autonomía.
Uno de los grandes retos de la medicina moderna es precisamente ese: paliar los efectos del envejecimiento y proporcionar estrategias para envejecer manteniendo las capacidades físicas, mentales y emocionales que nos permiten vivir con autonomía y calidad de vida.
¿Por qué no envejecemos todos de la misma forma?
El envejecimiento es un proceso natural e inevitable, que implica cambios progresivos en todos los sistemas del cuerpo y puede afectar directamente a nuestra autonomía (1,2). Pero no todas las personas envejecen de la misma forma.
- Envejecimiento primario: son los cambios fisiológicos propios del paso del tiempo, que no están causados por enfermedades. Su ritmo y manifestación varían entre personas, pero forman parte del desarrollo biológico natural.
- Envejecimiento secundario: está relacionado con enfermedades o condiciones prevenibles. Aquí es donde los estilos de vida juegan un papel crucial.
Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Conferencia Internacional sobre Fragilidad y Sarcopenia (ICFSR) son claras al respecto: llevar un estilo de vida activo y saludable es fundamental para promover un envejecimiento exitoso (3,4).
La salud cerebral también se entrena
El cerebro no está indefenso frente al paso del tiempo. Cuenta con dos mecanismos clave para protegerse: la reserva cognitiva y la neuroplasticidad. Y ambos dependen, en gran parte, de lo que hagas en tu día a día.
- La reserva cognitiva se construye a lo largo de toda la vida con cada actividad mental, social o intelectual que realizamos. Esta capacidad permite al cerebro compensar los cambios estructurales asociados a la edad y retrasa la aparición de síntomas en casos de deterioro cognitivo o demencias (5).
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse, creando nuevas conexiones neuronales tras daños o pérdidas. Esta capacidad puede estimularse a cualquier edad, especialmente mediante ejercicio físico y estimulación cognitiva (6,7).
Programas Multicomponentes: cuerpo y mente en movimiento
A pesar de todos estos beneficios, muchas personas mayores no alcanzan los niveles mínimos de actividad recomendados. El miedo a las caídas, la desinformación o la inactividad previa pueden ser barreras importantes. No obstante, la ciencia lo deja claro: incluso en personas con patologías, el ejercicio es seguro y muy recomendable (10).
Los programas multicomponente, que combinan ejercicio físico con estimulación cognitiva, favorecen una actitud positiva, mejoran la autoestima y aumentan la autonomía de quienes los practican (6,7).
Conclusión
El envejecimiento activo no es solo una posibilidad: es una responsabilidad compartida entre los profesionales de la salud y cada persona. Adoptar un estilo de vida activo y participar en programas que combinen actividad física y estimulación cognitiva son herramientas accesibles, seguras y eficaces para envejecer mejor. En definitiva, está en tu mano cuidar de tu salud física y mental para vivir más, pero sobre todo, para vivir mejor.
Referencias
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